Cuentos Cortos para Niños Malcriados 😫

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Ensayos
Cuentos para niños malcriados

Estas historias o cuentos cortos son apropiadas para niños de entre 4 y 7 años. Hoy vamos a leer tres cuentos para niños malcriados, niños que no quieren compartir, o que a veces incluso llegan a ser desobedientes y rebeldes. Estos cuentos con moraleja enseñarán valores y dejarán un aprendizaje valioso al final del día.

3 Cuentos para Niños Malcriados

Cuentos para niños malcriados
Cuentos para niños malcriados

El Goloso Osito Loli

Había una vez un osito muy goloso. Loli se llamaba el osito y vivía con su Mamá Osa.

Cada verano, después del frío invierno, su madre salía todos los días de caza para traer alimento al hogar. Ella sabía que su hijo adoraba la miel y siempre que podía trataba de traerle un poco. Pero esta no era tarea fácil. Muchas veces, la miel estaba lejos, muy lejos, en las ramas más altas de los árboles. Otras, metidas en cuevas rocosas que se formaban muy a lo alto de las pendientes. Y si con eso no bastara, además sacar la miel implicaba dolorosas picaduras de las abejas que protegían con rabia esa miel que tanto, tanto tiempo y trabajo, les costó juntar.

Mama Osa conocía estos riesgos y pocas veces se animaba a conseguir la miel, pero si lo hacía era por ver luego los ojos brillantes y la sonrisa de alegría de su hijo Loli al verla llegar con semejante tesoro.

Cuentos para niños desobedientes
Cuentos para niños malcriados

Dos o tres veces cada verano Loli disfrutaba ese delicioso manjar. Llegó el tercer verano de su vida. Ya era lo suficientemente grande y fuerte y su madre decidió enseñarle a cazar. Loli había esperado impaciente este momento, imaginando toda la miel que él mismo conseguiría una vez aprendiera cómo.

Pero sus ilusiones no duraron mucho. Día tras día salían al bosque donde su madre le enseñaba como vigilar a la presa, cazarla y prepararla. Los días más difíciles lo entrenaba a cazar peces en el agua. ¡Nunca pensó que un pez podía ser tan veloz! Pero los pocos panales que vieron los pasaban de largo.

Finalmente le enseñó a obtener la precisada miel. Lo ideal era esperar días de lluvia, pues las abejas temían al agua y no salían del panal. ¡Haberlo dicho antes! Loli deseaba fervientemente que las primeras gotas cayeran.

La tan ansiada lluvia llegó y con ella el primer día de Loli consiguiendo miel por sí solo. Mamá Osa tenía en mente un panal específico. El panal era muy nuevo, apenas contaba con un par de abejas, y se encontraba en las ramas bajas de un árbol pequeño. La lluvia caía con fuerza. Nada podía salir mal y por eso Mamá Osa quiso que fuera el primer panal de Loli. Como lo había planeado, todo salió perfecto y Loli disfrutaba de una victoria sin méritos.

Lamentablemente la suerte no volvió a tocar la puerta. Pasaron muchos meses y no volvieron a darse las condiciones ideales para conseguir más miel. Faltaban pocas semanas para que llegara el invierno, pero Loli no quería irse a hibernar sin probar una última vez el dulce manjar dorado.

Fue entre esos pensamientos que Loli avistó un panal enorme ubicado en las ramas más altas de un robusto roble. Las abejas entraban y salían sin parar muy laboriosas. ¡Seguro que ese panal estaría repleto de miel!

Pero Mama Osa le prohibió terminantemente agarrar esa miel.

– Las ramas son muy altas, las abejas parecen muy agresivas y a solo unos metros hay un risco peligroso – fueron las palabras de su sabía madre – Te has mal acostumbrado. No siempre se puede tener lo que se quiere.

Loli lloró y rogó pero la decisión era terminante. Encaprichado como estaba, esa noche antes de irse a dormir elaboró un plan.

A la mañana siguiente fingió ir a buscar conejos donde estaba el roble. Con esfuerzo y premura empezó a trepar el tronco. Envalentonado por la recompensa, logró alcanzar la rama de las abejas. Podía oír el ruido de ellas zumbando a su alrededor, pero la glotonería había nublado todas las advertencias y consejos de su madre. Impaciente como estaba, rasgó fácilmente el panal y metió el hocico. Su boca se llenó del sabor dulce de la miel.

Las abejas no aguantaron tal ofensa. Furiosas salieron y empezaron a picarlo. Tratando de ahuyentarlas perdió el equilibrio y cayó de la rama. Por suerte las ramas eran frondosas, llenas de hojas que amortiguaron su caída y que lo mantuvieron lejos del risco.

En ese momento apareció Mama Osa que había salido a buscarlo preocupada. Al verlo en el suelo con el cuerpo repleto de picaduras casi se desmaya del susto. Nerviosa gritaba:

– ¡Hijo! ¡Hijo! ¡Háblame! ¿Estás bien hijo mío?

– Estoy bien mamá – respondió Loli – estoy magullado y duelen mucho las picaduras pero estoy bien.

Mama Osa lloraba de alivio y alegría mientras le decía – Perdona hijo, tendría que haberte traído la miel.

Loli logro sentarse y abrazaba a su mamá para calmarla, entonces muy seguro de sí mismo respondió:

– No mamá. Tú tenías razón. En mi obstinación no tomé en cuenta tus consejos pero aprendí la lección. El próximo verano solo comeré miel de panales seguros.

Y así Mamá Osa y Loli retornaron a su casa, sin miel pero felices.

Fin.

Los Juguetes de Pepe

Hace mucho tiempo, en un lejano pueblo, vivía el niño Pepe. Su día preferido era su cumpleaños, pues ese día recibía decenas de regalos. Pepe amaba los regalos, tenía un cuarto repleto de ellos. Trenes, autitos, soldaditos, puzles, legos, peluches de todo tipo y color, pelotas, eran solo algunos de sus juguetes. En fin, tantos juguetes que ni él sabía cuántos eran.

Pepe era hijo único, estaba acostumbrado a que los juguetes fueran solo y únicamente suyos, sin necesidad de compartir. A la hora de jugar, durante los recreos del colegio, prefería quedarse solo a compartir sus juguetes.

Cuentos para niños desobedientes
Cuentos para niños desobedientes

Llego el cumpleaños de Pepe. Todos los compañeros de clase asistirían. ¡Seguro traerían muchos regalos! Y así fue.

Los payasos hacían piruetas, los magos sacaban conejos del sombrero, las tías lo mimaban y los compañeros disfrutaban de tanto jolgorio.

Acabó la fiesta y los invitados empezaron a retirarse, pero una chica quedó rezagada. El padre explicó a su hijo:

– Los padres de tu amiga Lola han sufrido un retraso y no podrán venir hoy a buscarla. Ella se quedará hoy de noche a dormir en nuestra casa. ¡Hoy tendrás con quien jugar!

Pepe lo miró horrorizado. ¡Él no quería compartir sus juguetes nuevos con nadie!

– Además – añadió su padre – podrás armar con ella este regalo que con tu madre decidimos darte al final de la fiesta. Que lo disfruten.

Una vez en la casa Pepe abrió su regalo, era un rompecabezas. Ante la novedad de un regalo tan insólito se puso a tratar de descifrarlo con ahínco.

– ¿Puedo ayudarte? – ofreció Lola.

– ‎¡No te necesito! – masculló Pepe. Pero el rompecabezas era muy difícil y al rato se sentía frustrado. Lola insistió.

– ‎Yo tengo las piezas que faltan para armar el rompecabezas. Si me dejas podemos armarlo juntos.

– ‎¡Tramposa! No me dijiste nada. Me caes mal – corrió enojado escaleras abajo y armó un escándalo a su madre adjudicando que Lola le había robado piezas.

– ‎Lola no te robo nada – respondió paciente – nosotros le regalamos a ella las otras piezas. Así juegan juntos.

Pepe se sintió traicionado, volvió a su cuarto y elaboró un plan. En cuanto Lola fue al baño le robó las piezas, pero ella volvió antes de lo previsto y lo pescó con las manos en la masa.

– ¡Cómo te atreves! ¡Esas son MIS piezas! – le sacó las piezas de un manotazo, tan fuerte que a Pepe le dolieron las manos. Se sentía tan indignado y ultrajado que se puso a berrear. El padre, preocupado ante tal berrinche, subió enseguida y escucho seriamente las quejas de su hijo. Pero su respuesta fue severa.

– ‎Pepe, lo que has hecho no es correcto. Siempre debemos pedir permiso para tomar algo que no nos pertenece. – y tan veloz como había llegado se fue.

Pepe se rindió a las consecuencias y avergonzado le pidió permiso a Lola para usar sus piezas. Lola le respondió que sí, pero con la condición que la dejara jugar también a ella.

Afanosos en descifrar el juego, Pepe descubrió que le agradaba jugar con ella y que además le resultaba menos complejo y estresante resolver el enigma entre los dos. Por fin dedujeron la solución del rompecabezas. ¡Jamás se había sentido tan feliz!

Ese día no solo hizo Pepe una nueva amiga, también aprendió que trabajando en equipo y compartiendo, las cosas salen mejor y se disfrutan más.

Cuentos para niños rebeldes
Cuentos para niños

Fin.

El Pulpo Coleccionista

Érase una vez, allá en las profundidades de los océanos, un pulpo amante de los tesoros. Adoraba nadar por los barcos hundidos, meterse en sus rincones y guardar cualquier cosa brillante o curiosa.

En su morada guardaba una larga colección de llamativos artículos humanos. Entre las colecciones que más le gustaban era las botellas, con sus variadas formas y colores; los retratos, con sus singulares seres; y las piedras preciosas, con sus colores brillantes y geometría perfecta.

En su dormitorio acumulaba una pila de ellas: joyas, piedras preciosas, plata y oro. Era tan receloso de sus tesoros que, como los dragones, dormía sobre ellos.

Pulpo malcriado
Pulpo malcriado

Pero que no se mal entienda, el pulpo era un ser de buen corazón y mucho apreciaba la compañía de sus amigos peces. Juntos salían todas las semanas de excursión a los barcos hundidos. Ellos disfrutaban buscar tesoros para él y lo tomaban como un juego. El pulpo agradecía mucho su ayuda, pues había ranuras chicas a las que su cuerpo grande no podía acceder.

Un día, como tantos otros, fisgoneando en la antigua cabina del capitán el pulpo descubrió un frasco lleno de piedras preciosas. Adentro había ágatas, esmeraldas, diamantes, jades, amatistas, rubíes y zafiros. El pulpo miró embelesado su interior. Hasta los peces no podrían resistir querer un pedazo de semejante tesoro. El frasco de vidrio era grande y redondo pero su cuello era estrecho y pequeño.

Se planteó sus opciones. Si pedía ayuda a los peces probablemente querrían una parte. Por otro lado, tampoco quería romper el frasco. Era muy bonito, podría añadirlo a su colección. Además, al romperlo corría el riesgo de cortarse sus bonitos tentáculos con los fragmentos filosos cuando quisiera recoger las piedras preciosas. No podía ir más tarde a buscarlo solo o sacar las piezas de a poco, corría el riesgo que algún otro pulpo o pez lo encontrara y se lo llevara.

Alimentado por su capricho, decidió que lo más rápido y eficiente era meter todos sus tentáculos dentro. De esta manera podría agarrar el total de las joyas y llevárselas sin demora. Cuál sería su sorpresa cuando sus hermosos tentáculos rebosantes de joyas quedaron atrapados dentro del cuello estrecho del recipiente.

El pulpo empezó gimotear desesperado. Por suerte sus amigos peces lo escucharon y ágiles como eran llegaron en menos de un minuto. Estudiando la situación uno de ellos le sugirió soltar todas las joyas y solo extraer algunas con un único tentáculo. El pulpo así lo hizo y en seguida quedó liberado de la terrorífica prisión.

Agradecido y alborozado ante su liberación pensó:

“Encaprichado, quise más de lo que podía y mi propia avaricia me detuvo. Repartiendo el tesoro con mis amigos me liberé e hice a otros felices.

¡Qué alegría tener amigos con los que compartir los tesoros!”

Fin.

Aquí concluyen estos cuentos para niños malcriados. Antes de ir a dormir, es importante considerar si hemos sido descorteses, mal educados o egoístas hoy. No es bueno querer hacer siempre nuestra voluntad sin pensar en los demás, y tampoco es bueno ser caprichosos y no querer escuchar lo que nos dicen las personas que nos quieren y nos cuidan.

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